Una web floja rara vez falla por un único problema dramático. Normalmente falla por fricción: textos poco claros, propuesta difusa, falta de confianza y ninguna vía evidente para contactar.

Si una visita no entiende qué haces en pocos segundos, la web ya está trabajando en tu contra. Lo mismo ocurre si el contacto pide demasiado demasiado pronto o no da razones para seguir.

Una web mejor no necesita más páginas. Necesita mejor posicionamiento, una estructura más limpia y un camino de conversión más claro.